domingo, 19 de diciembre de 2010

GULA


Dos moscas , de la familia Muscidae , de abdomen amarrillo , dos musca domestica , dos moscas vulgares y corrientes de la que estamos acostumbrados a ver en nuestras casas  , descanzan en el alfeizar de una derruída ventana .
Pequeños insectos que cargan con toda una historia de prejuicios humanos , asociadas con la muerte en algunas culturas , simbolo del maximo valor para otras , como para los egipcios por ejemplo, la orden de la mosca , era el máximo galardon otorgado por el faraón a sus valientes.
No existe dios capaz de librarse de ellas , Myiagros sigue mascullando su eterna derrota en el Olimpo , Belcebú les debe a ellas su nombre , proveniente del cananeo Baal Zabut , literalmente señor de las moscas.
Ajenas a  todo , ellas estan allí al sol , frágiles y poderosas a la vez , limpiando constantemente sus ojos que frotan con sus patas delanteras , sus sedas sensoriales alertas al menor trazo de olor que flote en el aire .
Sin previo aviso las dos moscas levantan vuelo al unísono , como movidas por una voluntad ajena o como en una maniobra perfectamente entrenada , comienzan a volar herráticamente ingresando por la ventana dentro de un cuarto .
El cuarto se encuentra en un estado de abandono extremo , las paredes descascaradas , girones de tapizados colgando flascidos , las manchas de humedad en el techo le dan un aspecto de antiguo mapamundi , las tablas de pinotea del piso solo se adivinan en algunos lugares emergiendo entre cientos de manchas indescifrables .
Sentado a una mesa , ubicada exactamente en el centro de ese lúgubre cuarto , un hombre anciano completamente inmóvil ,  extremadamente delgado, con la cabeza vencida hacia delante , cosa que no resulta extraña debido a la desproporción entre el tamaño de la bulbosa cabeza y el frágil cuello, la piel cubierta de manchas parduzcas y plagadas de verrugas , los ojos saltones y una papada colgante revelan un avanzado bocio exoftálmico, la boca desdentada entreabierta y un hilo de baba viscoza deslizandose por la comisura de unos labios sumamente finos , completan la imagen de un batracio famélico , vestido con un traje varios talles más grandes  que alguna vez supo ser negro y hoy solo guarda débiles recuerdos de ese color .
Las manos del  hombre , manos flacas , venosas , deformadas por la artrosis , descansan sobre el hule de la mesa , a ambos costados de un plato enlozado raído por la suciedad exactamente en el centro de la  mesa y repitiendo eso que pareciera ser un capricho del azar geométrico o un plan minuciosamente concebido , un cubo de azúcar blanco dentro del plato.
Un cubo de un blanco niveo , puro , restallante , incongruente dentro de esta geografía donde todos los matices de la escala del gris arratonado parecen ser la única paleta empleada .
Un cubo de cristales de sacarosa refinada , cada molécula de sacarosa contiene doce átomos de carbono ,  veintidós de hidrógeno y once de oxígeno , lo que conocemos como la vulgar azúcar de mesa ,  obtenida de la melaza de jugo de caña de azucar en las refinerías, este azúcar crudo se ha de transforma en azúcar común o de consumo, para lo cual ha de pasar por varios procesos de limpieza con carbonato de calcio, de blanqueo con ácido sulfúrico, de filtración a través de carbón de huesos y de cocción hasta obtener los cristales .
Este inocente cubo de azúcar es el motivo por el cual , las dos moscas han dejado su descanso en el alfeizar de la ventana , siguiendo los imperceptibles trazos de olor que flotan en el aire .
Esos hilos invisibles guian el vuelo , un vuelo que parece ser herrático , pero que es de una precisión sin margenes de error , el cubo no está al alcanze visual de las moscas , pero ellas navegan por esas corrientes sutiles , fragantes que las aproximan al manjar.
El vuelo de las moscas es detectado por los ojos del viejo  que subitamente cobran vida despidiendo un  destello de luz , como si un interruptor hubiese sido oprimido y la corriente fluyera animando eso que parecia una estatua de piel y huesos .
Pero el hombre permanece inmóvil en su postura , el único vestigio de vida se descubre en sus ojos que siguen el vuelo  de las moscas .
Ellas siguen navegando atraves de la sutil corriente de olor impulsadas por su instinto , percibiendo aún , sin ver todavía el cubo de azucar , hasta ubicarse fatalmente a la altura de los ojos del hombre .
En movimiento de una velocidad y precisión asombrosas las dos manos del viejo salen disparadas y logran atrapar , una en cada mano a las dos moscas .
Un remedo de sonrisa se dibuja en la boca desdentada , el hilo de baba oscila en la punta de la barbilla , cuando las manos llevan las presas hasta ese agujero que se cierra , emitiendo un sordo chasquido .

1 comentario:

  1. Inspirada en la obra musical Berilio de mi amigo Hector Berenger

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